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¿Se pueden reciclar los guantes y las macarillas después de usarlos contra el Covid-19?

El consumo masivo de productos sanitarios para evitar el contagio del Covid-19 y su posterior abandono incívico pone en riesgo a las personas y al entorno natural

A veces hay quien sólo ve el lado bueno de las cosas. Da igual que vengan mal dadas; consigue sacar algo positivo en lo que sucede. Es por ello que, aunque suene disparatado, el coronavirus llegue incluso a entenderse como un respiro, al menos, para el medioambiental.

Según la Agencia de Energía Internacional, el planeta usará un 6% menos de energía en 2020. Eso implica a su vez una reducción de las emisiones de CO2. A esto se suma el hecho de no ver aviones volando y apenas coches por la carretera, lo que supone cielos más limpios y sin contaminación.

Todo esto, unido a la creciente implicación de la ciudadanía en materia de reciclaje, hacía presagiar que, cuando menos, el Covid-19 iba a provocar que nuestra mentalidad tornara en verde sin remisión. Pero, por desgracia, no es oro todo lo que reduce.

Una vez más, el plástico, en sus infinitas formas de intervenir en nuestra vida, vuelve a entrar en juego y sembrar las dudas en las buenas prácticas que, poco a poco, iba calando en la sociedad. Y en esta ocasión, casi de manera velada, en forma de mal menor: como productos sanitarios para no contagiarnos del coronavirus, en forma de guantes, mascarillas y demás desechables de apenas un único uso.

El momento no podía ser tampoco más coincidente:sólo faltaban unos pocos meses para que se consumara el jaque mate del Parlamento Europeo a múltiples productos de plástico de usar y tirar. Sirva este dato por si a alguien le quedara algún tipo de duda sobre qué es a lo que se enfrenta la Humanidad: la Comisión Europea estima que el 80% de la basura que se encuentra en los océanos es plástico.

LAS MULTAS POR TIRAR RESIDUOS AL SUELO PUEDEN ALCANZAR LOS 3.000 EUROS, SEGÚN EL TIPO DE ORDENANZA MUNICIPAL

Asimismo, Naciones Unidas cuantifica en 13 millones las toneladas que cada año son arrojadas al mar. Y esto sin contar que, pese a que sea casi de obligado cumplimiento protegerse con guantes y mascarillas en según qué casos, no hay que olvidar tampoco que, según un estudio de diversas universidades americanas, el SARS-CoV-2 permanece estable hasta 72 horas después de aplicarse sobre una superficie de plástico.

Con todo, no quedan ahí las malas noticias. Cómo serán si recientemente múltiples ayuntamientos han avisado a sus vecinos de que impondrán sanciones que rondan entre los 500 euros o incluso hasta 3.000 euros, como es el caso de Toledo.

Desde el pasado 21 de mayo, el consistorio de la capital manchega ha lanzado una campaña de concienciación (con el lema Cuidando el entorno nos protegemos todos) en la que recuerda que, según la Ordenanza Municipal de Limpieza Viaria, está prohibido arrojar residuos o cualquier tipo de basura en vía pública o privada. No cumplirla conlleva una multa que va desde los 150 hasta los 3.000 euros.

Todo esto viene dado por la proliferación de imágenes de guantes y mascarillas desechables del tipo quirúrgico, no ya en la calle, que también, sino recogidos de las orillas de la costa o dentro del mar. Un trágico daño colateral que puede echar al traste todo el trabajo realizado en materia de concienciación ecológica.

«Desechar de forma incorrecta mascarillas y guantes puede suponer un importante problema ambiental, además del obvio incremento del riesgo de contagios«, reconoce Antonio Blanes, director de los servicios técnicos del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, para quien es fundamental recordar que estos materiales se deben tirar siempre al contenedor de Restos y nunca a otro contenedor ni, por supuesto, a la calle o al inodoro.

CUESTIÓN DE SENTIDO COMÚN

El propio Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, reflexionó este pasado lunes en torno a este hecho, afirmando que, como no se sabe quién ha llevado esa mascarilla o ese guante tirado en el suelo, no sabemos si están infectadas, lo que puede suponer un riesgo para los demás. «Esto no consiste en un ‘yo me protejo, y sálvese quien pueda’, sino en ‘yo me protejo para proteger a los demás», arguyó el experto.

Así las cosas, no han tardado en aparecer iniciativas en redes sociales en forma de hashtag para hacer un llamamiento masivo a todo el mundo para intentar que no se cree otra pandemia, pero en este caso de plásticos. Una de las más populares en la red social Twitter está siendo #NoAbandonesTusGuantesYMascarillas, con la que se llama al sentido común con imágenes explicativas y vídeos sobre lo que hay que hacer cuando llega el momento de deshacernos de uno de los productos anticontagio con los que convivimos en la actualidad.

Las buenas prácticas cuando se trata de un tema tan intrincado como el plástico son clave, sobre todo a a hora de abordar estrategias empresariales. En ese sentido, muchas compañías energéticas están demostrando su compromiso, más allá de donar mascarillas y guantes a colectivos que, por sus necesidades concretas, han necesitado con urgencia este material sanitario.

EL 80%DE LA BASURA QUE SE ENCUENTRA EN LOS OCÉANOS ES PLÁSTICO. SE ARROJAN 13 MILLONES DE TONELADAS AL AÑO

Repsol, por ejemplo, como forma de afianzar su compromiso con la economía circular, lanzó el año pasado, como punta de lanza de su proyecto Reciclex, un nuevo material compuesto de polietileno de baja densidad y un 50% de residuo posconsumo. De esta manera, se permite la incorporación de un reciclado plástico al film utilizado como envase para el transporte de packs de latas, botellas o bricks.

Otra forma de enfocar su compromiso medioambiental es el que lleva a cabo BP, con el desarrollo de una tecnología, denominada BP Infinia, que es capaz de transformar residuos ODR o difíciles de reciclar procedentes tereftalato de polietileno, uno de los polímeros más utilizados en el proceso de envasado, en materias primas recicladas sin apenas haber perdido calidad para su uso.

Por su parte, Cepsa no se queda atrás en lo que a iniciativas sostenibles se refiere. Como la mayoría de compañías energéticas, tiene presencia en toda la cadena de valor, y dispone de un departamento químico en el que se fabrican productos para otras industrias, como puede ser el fenol, que se utiliza para elaborar plásticos de última generación, o el alquilbenceno lineal (LAB), del que Cepsa es el primer productor mundial, y es la materia prima principal de muchos detergentes biodegradables.

Fuente: elmundo

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